29 jul. 2013

Libro de la semana: Las sirenas sueñan con trilobites - Martha Riva Palacio Obón


Algo tiene el mar y creo que ese es un buen punto para empezar a hablar de Las sirenas sueñan con trilobites. Algo en él nos seduce y sobrecoge a la vez. A mi, por ejemplo, me sirve para contrarrestar el insomnio reproducir los movimientos de su oleaje. Su extensión conecta tierras muy lejanas, invita a lo desconocido. Su profundidad genera estremecimientos y enerva las curiosidades. Su vida, su vaivén, su furia, su dinamismo. Su voz. El mar también puede hablar.

Sofía tiene nueve años. No conocía el mar, pese a que hablaba con él desde que tenía memoria, hasta que su mamá la llevó a vivir un tiempo con su abuela Tita, que vivía en una bahía. De esta manera se enfrenta a una forma de vida distinta que, en un principio, parece opaca y triste. Tiene que sobrellevar la intrigante conducta de su lejana mamá, además debe sobreponerse a la soledad que la aqueja. Es que Sofía es una sirena, y tal parece que es la única en el mundo.
Las cosas cambian de dirección cuando en su escuela conoce a Luisa y descubre que pertenece a su misma especie.

Son notorias las preguntas que sustentan el argumento psicológico del libro:  ¿Cómo enfrenta un niño la muerte? ¿Cómo comprende el acoso sexual, el rechazo social, la violencia familiar?
Su manera de abordarlas me parece brillante, pues pese a ser un libro para niños, Las sirenas sueñan con trilobites no subestima el punto de vista infantil; por el contrario, explota su complejidad en cada una de las páginas. Expone, de una manera que me fascina, un juego de analogías y metáforas a través de los cuales Sofía liga y entiende el mundo exterior paralelamente con el suyo."Es sólo una cuestión de óptica" reza en uno de sus párrafos. Este esquema constituye la base de la narrativa durante todo el texto, pero pienso que se concentra mayoritariamente en el epílogo (el cual siempre me lleva a cierto estado de éxtasis).

Los sentimientos encarnados en cangrejos que viven en el estómago, la bioluminiscencia como avatar de la nostalgia, los huracanes, las medusas, barracudas y ballenas vienen a defender, en resumidas cuentas, que un niño tiene siempre a la mano su asombrosa imaginación para edificarse un punto de vista y desentrañar el mundo con él.





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