12 de jul. de 2013

Obra de la semana: La aldea y yo - Marc Chagall



Hay una conexión entre las miradas de una cabra y de un hombre, éste último sonríe. Sus labios blancos y su piel verde le confieren un aspecto vegetal y refulgente. Su sonrisa despliega una onda expansiva de tal poder que supera los límites de su cara y crea un círculo fuera de ellos.
Con su mano, y sin mucha fuerza, sostiene una planta de aparente fragilidad, la cual crece junto a una vereda blanca nacida de la caída de la nariz del personaje.
Al margen de aquel camino proliferan actividades cotidianas pertenecientes a un contexto rural, tal como lo harían en cualquier otro rutinario día.
La aldea y yo es el retrato de una forma de vida que el tiempo se robó (la vida de Chagall, el autor del cuadro, en su pueblo de la infancia).
Me parece una pintura nostálgica, y notoriamente anhelante: plasma ese deseo (que frecuentemente yo comparto) de habitar otra vez tiempos pasados; está plagada además de la perspectiva despreocupadamente fantasiosa que adoptamos cuando somos niños, y a través de la cual vemos el mundo.
Asimismo me llama la atención la coexistencia de varias escenas en una sola, la manera en que se complementan recíprocamente y por supuesto, el inusual jugueteo del color.


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