3 oct. 2013

Artista de la semana: Remedios Varo

Dadas mis últimas y frecuentes jornadas insomnes, he llegado a la conclusión de que debo transportar mis sueños a la vigilia. Y les quiero compartir una parte de mi ensoñación, pero antes les voy a contar cómo empezó todo esto.

Cada año, la Universidad Nacional Autónoma de México crea una ofrenda de día de muertos monumental en su sede al sur de la Ciudad de México, para retomar las intenciones y significados de aquella fecha, y a la vez para enriquecerlos. Cada edición se inspira en alguna figura que haya sido partícipe de la vida artística o cultural y que, evidentemente, haya abandonado ya la vida y nos acompañe desde la obra que nos legó.
Este año decidí participar, la ofrenda girará en torno a Remedios Varo.
Y aunque tenía ya una idea general de ella y de su trabajo, creo que hasta ahora, que tan necesitada estoy de onirismo en mis horas diurnas, realmente me detengo a explorarla.


Remedios Varo perteneció a la corriente surrealista; en ella encontró la excentricidad por la que se había sentido atraída desde muy joven. Nació en España y ahí produjo gran parte de su obra, mas, en 1941, hostilizada por el duro panorama de su patria y su continente, se exilió a México, donde dio vasta continuidad a su obra.

En sus mundos oscila tranquilamente el desenfado con que el sueño configura su propio esquema. Consigue en sus imágenes ese cruce de habitualidad discreta e irrealidad extrovertida. Me gusta cómo deja encajados elementos imposibles en nociones casi científicas, y viceversa.
Su adscripción al surrealismo no conlleva la completa redención de sus pinturas al inconsciente; sus simbolismos, por ejemplo, son fantasía sin duda alguna, y una fantasía muy disfrutable; pero tienen en su sustancia el atisbo de emociones que no sólo tienen sentido en un sueño, sino también cuando estamos despiertos.
Al ver sus pinturas me colma esa sensación que los personajes de los cuentos clásicos sienten al perderse y descubrirse en un mundo desconocido. Hay nubes bajas, hay colores pardos, hay sombra profunda que invita a sentirse sobrecogido o extraviado. Que dice que no hay regreso a casa.
Me inquietan sus callejones de luz mortecina, el silencio de sus personajes con sus frustraciones, limitaciones y ensimismamientos así como la solidez y densidad de sus cielos. Enumerar todos estos elementos llegaría a ser tedioso y a llevarnos a la conclusión de que no le hago justicia a su obra acumulando más palabras. Haré lo justo, así que les comparto mis obras favoritas de ésta mujer, invitándolos a visitar las muchas otras ventanas a su dimensión.








No hay comentarios:

Publicar un comentario

Encuentras todas las entradas por categoría o autora específica:

Seguidores